Las razones de este libro

AutorGenaro Eguiguren
Cargo del AutorLicenciado en Ciencias Jurídicas, abogado, doctor en Jurisprudencia y en Historia
Páginas13-14
LAS RAZONES DE ESTE LIBRO
Como todo producto humano, el libro que hoy queda al juicio de lector, tiene
una historia y unas causas sin las cuales no se explica su existencia. Empezado casi
por casualidad, de a poco fue tomando forma y con ella mostrando el sentido y las
razones de mismo. Quien lo ha escrito es un profesor que en su trajín descubrió que
lo único que no se pierde, cuando se da y se comparte, es el conocimiento y cuando
se lo ha hecho por ya cerca de un cuarto de siglo se vuelve necesario convertirlo en
una huella que de algún modo, al novato y al experto, leerlo le sea de provecho.
En 1984, a dos años de graduado de abogado, me inicié como profesor en la
Universidad Central del Ecuador, la que sin haber sido su estudiante, me abrió las
puertas de la cátedra. Desde entonces he pretendido que aquellos conocimientos
recién obtenidos lo fueran también de quienes los buscaban. Enseñaba el derecho
de las cosas y a diferencia de ellas, mientras más lo daba, menos lo perdía. Esos
conocimientos seguían siendo míos, pero también lo podían ser de mis alumnos.
Además, a mis propias inquietudes sobre cada uno de los temas se sumaban las
increíbles e ingeniosas
de
los estudiantes que, manifestadas en preguntas, debían
tener respuestas que obligaban a buscarlas generando un proceso en el que el pro-
pio profesor termina enriquecido.
Sin duda alguna, esta maravillosa simbiosis se genera en las aulas de la que
todos salen con algo más de lo que entraron y puedo dar fe que eso es cierto, pues
empezó cuando fui estudiante y tuve brillantes profesores.
No obstante, el paso de los años va dejando la evidencia de que aquello que
se aprendió en las aulas se puede ir olvidando. Cuantas veces, frente a una necesi-
dad concreta, he querido volver a aquella fuente en la que me pueden recordar lo
que necesito para salir de una duda o aplicar mejor la fría norma escrita; si pudie-
ra, acudiría al profesor mismo de aquella materia pero eso cada vez es más difícil,
quizás imposible.
En algunos casos, los maestros dejan para sus alumnos la huella escrita de su
cátedra y creo que esa es una responsabilidad de cada uno, una exigencia de su ofi-
cio que además puede ser útil a otros alumnos, a otros profesionales, quizás a algu-

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